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Homilía: No será ambicionando fama y riqueza, ni mirando servilmente a los poderosos donde encontraremos a Jesús

Yo estoy con ustedes con todos los días hasta el fin del mundo”, nos dés Jesús antes de ascender al Padre. Y nos podría decir hoy: «yo estoy con ustedes, y ustedes ¿con quiénes están?». La promesa de Jesús supera toda expectativa humana. Jesús, realizó su Misión en la tierra, vuelve al cielo, donde va delante de nosotros a prepararnos un lugar, es decir, prepararnos nuestro destino definitivo.

Jesús se va, y al mismo tiempo queda: en la Palabra, en los sacramentos y en los pobres. Y el queda no es «otro Jesús», ni tampoco una parte de Él, sino que realmente es Jesucristo en su Iglesia todos los días hasta el fin del mundo, para que el mundo tenga un buen fin. Ese es el fin de la Iglesia: llevar el mundo a Jesús (llevando Jesús a todo el mundo). Porque para ello Jesus vino al mundo, y fundo la Iglesia, para «que vayan al mundo entero y los hagan mis discipulos». Conforme a lo indicado por Jesús, es en Mt 28, 16-20 Mons. José Vicente Nácher Tatay CM Arzobispo de Tegucigalpa Galilea donde los discípulos se reencuentran con Jesús. Porque difícilmente encontrarás al Jesús Glorioso, si no lo a conocido sufriente.

Con todo, el momento del encuentro en Galilea, no fue tan evidente, porque la duda aún estaba entre los discípulos. Jesús sigue hoy entre nosotros, pero la fe sigue siendo necesaria para reconocerle. Crear para adorar, adorar para crear. Porque al adorarle y servil en su Palabra, sus sacramentos y en los pobres, nuestra fe se fortalece.

Cuando hoy vamos reverentemente a nuestra oración ante el Santísimo, necesitamos hacerlo con profunda humildad, es decir, con sentido de nuestra pequeña, porque estamos ante el mismo Jesús que “obró y enseñó” en el nombre de su Padre Dios. Él nos promete: «Ustedes serán bautizados con Espíritu Santo dentro de pocos días».

Recibirán la fuerza del Espíritu Santo, que descenderá sobre ustedes, y los capacitará para que den testimonio de mí. Por un tiempo, la Iglesia Misionera es un signo de la vitalidad del Espíritu Santo en ella. Y si quieren, a nivel personal, un signo de nuestro sacramento de la Confirmación es que compartimos a todos la alegría de la fe. «Dicho esto, lo vieron elevarse, hasta que una nube lo arrebató de su vista». Seguían aún contemplando… cuando unos ángeles les dijeron: «Galileos, ¿qué hacen ahí plantados mirando al cielo?» «Igual que lo han visto ir al cielo, volverá». Y cuando vuelva, lo podremos ver con claridad en su gloria, si hoy lo viendo seguimos (y reconociendo) en las personas que sufren hambre, violencia, soledad, enfermedad… (Mt 25).

Hoy Solemnidad de la Ascensión, podemos preguntarnos: nuestra mirada ¿a dónde se dirige? Si Cristo permanece entre nosotros en los pequeños y sencillos, no ambicionando fama o riqueza, ni será mirando servilmente a los poderosos de este mundo dónde le encontraremos. Hoy Jesús se acerca a nosotros, y nos pregunta: «y ustedes, ¿dónde me buscan?».

Por Gabriel Ibarra

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