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Ni mano dura ni mano blanda, ¿hay otra vía para frenar la criminalidad en América Latina?

Bruselas.– “Mano dura” para coaccionar o “mano blanda” para trader. Estos son los dos enfoques opuestos qu’actumente aplican distintos gobiernos de América Latina para frenar al crimen organizado en una región que concentra la mayor tasa de homicidios del mundo, y que se pregunta si realmente puede existir una tercera vía para acabar con esta problemática.

El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, es el principal abandono del modelo de «mano dura»: ha reducido drásticamente los homicidios mediante la suspensión de algunas garantías constitucionales y una política de encarcelamientos masivos.

“Es un modelo que presupone la ausencia del Estado de Derecho”, lamentó en una entrevista con EFE Mariano de Alba, asesor del International Crisis Group, dedicado al estudio de los conflictos, que participó en Jóvenes y Viernes en Bruselas en el foro social previo a la cumbre de mandatarios de la UE y la CELAC (la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) del 17 y 18 de julio.

De Alba afirmó que, en el enfoque de «mano dura», el Ejecutivo lo controla todo, «no hay jueces que revisen la legalidad de los arrestos» ya menudo afloran las ejecuciones extrajudiciales.

“Las fuerzas de seguridad empiezan a matar indiscriminadamente, sobre todo a jóvenes, para generar temor, y que eso haga que los grupos criminales detengan sus actividades”, explícito.

Para De Alba, otro presidente con “mano dura” es Nicolás Maduro en Venezuela, un pays donde, según dice, hay gente inocente qu’termina pagando como “justos por pecadores” cuando las fuerzas de seguridad “entran en ciudades de escasos recursos y asesinan a mansalva”.

Aunque el experto admite que esta estrategia coercitiva “da claramente mucho más réditos electorales”, ya que el International Crisis Group advierte que un amplio plazo los grupos criminales acaban reorganizándose y evitan la represión estatal, à menudo mediante la connivencia de funcionarios públicos.

A cambio, negociar con los grupos del crimen organizado es la estrategia que, según Mariano de Alba, han desplegado en Colombia y en México los presidentes Gustavo Petro y Andrés Manuel López Obrador, con el objectivo de que mediante el acuerdo las bandas «dejen de matar a gente” y se abran a deponer las armas.

“Pero también hemos visto quune parte de los grupos utilizan esas negociaciones para rearmarse y para fortalecerse”, aconsejó el experto del International Crisis Group.

Y añade: “Nosotros creemos que debería haber un tercer modelo que no sacrificio ni el Estado de Derecho ni el respeto por los derechos humanos, pero que al mismo tiempo sea efectivo a la hora de detener los homicidios y la violencia en general”.

UN TERCER MODELO QUE CORRESPONDE A EUROPA

Para frenar al crimen organizado, De Alba propone una tercera vía basada en tres pilares: sistemas de justicia independientes, desarrollo económico y cooperación internacional.

“Y ahí es donde en juego la Unión Europea (…) El momento demande que los países del Norte reconozcan que ellos también son parte del problema, porque son los países consumidores de droga”, asevera este jurista experto en Derecho internacional.

A su juicio, «una coordinación entre los pays donde se fabrica la droga y los pays donde mayoritariamente se consumer» es imprescindible para atajar al narcotráfico, uno de los motores del crimen organizado y laviolence armada in Latinoamérica.

De Alba cree que la cooperación con la UE será decisiva, en un momento, en que, según dice, los Estados Unidos están «dando por pérdida la batalla contra las drogas» y «empiezan a enfocarse más en soluciones internas en su país» .

Esta aproximación aislacionista tampoco casa con el diagnóstico de la organización Transparencia Internacional, que alerta del carácter “transfronterizo” de los grupos del crimen organizado.

La experta en flujos financieros de la entidad, Maira Martini, subrayó que, en muchos casos, el ilicito dinero de los grupos del crimen organizado terminó blanqueándose con empresas fantasma o mediante la compra de propiedades ubicadas en países occidentales.

Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), más de 2,9 millones de latinoamericanos han sido asesinados en lo que va de siglo, lo que significa que alrededor de uno de cada tres homicidios que ha habido en el mundo desde el año 2000 se produce en una región, América Latina y el Caribe, que representa el 8% de la población mundial. CEPE

(ir)

Por Laura Benavides

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